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Boris Hoppek contra la indiferencia

He de reconocer que, la primera vez que vi una de las iconografías de Boris Hoppek, se me vino a la cabeza dos ideas: la de una balón medicinal con rasgos afroamericanos y la de Al Jolson interpretando a Jakie Rabinowitz en el célebre filme “The Jazz Singer”. La primera de éstas pasa por un filtro hortofrutícola sin más relevancia; la segunda, a pesar de sus raciales connotaciones, no deja de ser un envejecido clásico de 90 años donde un judío ultraortodoxo se pinta la cara de negro para cantar jazz, entrando en conflicto con las exigencias de la tradición familiar así como en uno de los estereotipos norteamericanos más apáticos de la historia.
En otra latitud referencialmente conocida, a medio camino entre la marioneta y el monigote, nos topamos con The C'Mons: una ficticia banda de rock que fue popularizada a través de una campaña publicitaria para una conocida marca de automóviles. Esos traviesos muñecos son una de las referencias populares que señalan las elipses fisionómicas de…

A propósito de musas, inspiración e Irene Cruz

El itinerario común de las musas suele invitar al quietud y a la calma, como ejercicio pasivo, fantástico y ciclónico del arrebato creativo. Alguien decía que, el encuentro con esas divinidades homéricas, partía de evitar fortuitos y casualidades románticas en la mayor parte de los casos o de saber que, el combustible de la reacción artística, germina de una descarga tan imaginaria como meditada: un guiño ocular que responde a las clásicas crónicas de la metodología, del impulso, del carácter privativo y del conocimiento, sin que sea necesario nacer bajo el signo de Saturno o tener que revisar el curioso historial patológico de Hugo van der Goes -considerado el primer artista loco según la historiografía, a medio camino entre el frenesí del juicio y la melancolía espiritual: dos elementos de cierta solidez subjetiva si queremos hacer arqueología entre deidades-.
Las musas nos amparan desde que se constituyó su genealogía mitológica. Una que reúne a tres señaladas por Pausanias y nueve b…

Pasaba por aquí: notas sobre fragmentos, piezas que recoger y Santiago Talavera

La naturaleza nos ofrece un medio de inmersión inductivo poderoso.
La fenomenologías del análisis del biotopo, las atmósferas y del explorador con salacot, ayudan a poner el foco sobre un terreno poco iluminado. Uno que necesita acomodar la anilla del objetivo hasta tener la distancia oftálmica adecuada, incluso fuera de la panorámica del vistazo que ejecutan las miradas más osadas.
Intentando hacer una maniobra del antes y del hacia, para toparnos con un logos disfrazado de palabra, llamémosle discurso si queremos, me tropiezo con un endecágono de sólidas razones que entablan una amable bóveda levantada entre la citada naturaleza, el espacio, el ser y el no ser, lo mínimo, el eufonía musical, el dibujo y sus derivaciones más minuciosas, la lógica del retrato, los efectos limítrofes de la técnica, las mecánicas del paisaje, habladurías poliédricas o la nostalgia calamitosa. Nada más y nada menos. Un ejercicio de cambio de posiciones, de ideas que tienen el sentido perfecto para que las f…

Fetiches del hábitat urbano (o vamos a contar verdades): Rorro Berjano en Delimbo

Un transcriptor de símbolos, según las ideas de Mijaíl Bajtín, es capaz de conducirte vectorialmente a lo ideológico, como hereditario reflejo de un escenario incontestable. El signo y el símbolo son un prodigio enmarañado que reflejan y proyectan las complejidades de la urdimbre social y, claro, los cronistas que aspiran hacer de la existencia algo inequívoco, tienden al invento de un espacio incómodo, narrativo y paradójico. Un espacio que se amplía en función de los hechos y en función de lo que se quiere contar ya que, si hemos de rendir cuentas, que sea mediante un disfraz que no sólo varíe nuestra vestimenta.
Batjin, en su obra “Formas del tiempo y del cronotopo en las novela”, revela las distintas fórmulas que la literatura ha desencadenado para poder narrar. Desde unos clasicistas helenos, pasando por la novela caballeresca y llegando a Gustave Flaubert y León Tolstói, la conexión de las relaciones temporales y espaciales sobre el papel, es un flujo parmenidesco situacional y ex…

Arturo Doñate y su hemeroteca cromática

El hábitat pictórico, cuando revela una semiótica sutilmente representativa, se vuelve elíptico, simbólico y, como no podría ser de otra forma, recóndito.
La digitalización de la imagen, dentro de esta coyuntura, nos muestra secuelas que pueden ser disminuidas por una ilusión óptica: esa que conocemos como las bandas de Ernst Mach y que intentan reducir las frecuencias del espectro luminoso, como síntesis de la mancha y del campo de color.
“Con esta serie intento ofrecer un lenguaje figurativo, combinando elementos de distintitas épocas y costumbres bajo un prisma irónico”. Refiriéndose a su serie titulada “Neón”, Arturo Doñate, este devorador hemerotécnico de la imagen, describe sus intrigas metodológicas a través de un anacrónico y posterizado homenaje, a modo de palimpsesto narrativo, otorgando una acrílica metamorfosis a ese gas noble -incoloro, prácticamente inerte y con cierto grado de trazabilidad en el aire- y al universo de la luminaria fluorescente.
En sus piezas, introduce la …